26 de mayo de 2011

La Obisparra.







Cuando dicen “vamos a ver la Obisparra de Pobladura de Aliste” a nuestra mente vienen los Bueyes (Símbolo de esta Obisparra), pero no son solo ellos los componentes de nuestra Obisparra:


- Los sembradores: Abren el desfile, y para despejar a la gente tiran paja hacia ellos como si de trigo se tratase.
- Gañan y el Arador: el primero delante guía a los bueyes(tal cual como si fueran bueyes de verdad)
y el otro va detrás sujetando el arado.
- La filandorra con el niño y un soldado: vestida con traje típico lleva a su hijo en brazos, que es arrebatado por algún espectador sin ella impedirlo, mientras que el soldado le pega por perderlo.
- Ciego, Lazarillo y Piojoso: piden por las casas limosnas ablando con formas satíricas y burlescas típicamente alistanas.
-Bailadores y los músicos: grupo compuesto por un bailador y una bailadora que danzan al son del gaitero y del tamborilero. Cierran el desfile.

La expectación principal la llevan los bueyes ya que mediante sus “espantadas” embisten a la gente y escapan de la mano del arador, que mediante “rezos” malherido en el suelo consigue que vuelvan con ayuda del gañán.

Un ambiente festivo muy peculiar que antes se realizaba el día 26 de diciembre.

Cita la Web Aliste.info:

La obisparra en Pobladura de Aliste


Tras largo tiempo de olvido la Asociación Cultural Aires de Aliste de Pobladura de Aliste (Zamora) recuperó el 15 de Agosto de 2005 la representación de la Obisparra, una escenificación multifacética, entre lo carnavalesco y lo teatral con diversos significados, matices y escenas graciosas y pintorescas. Una actividad representada antiguamente cada año el día 26 de diciembre, que ha formado parte de nuestra cultura popular y que nos proponemos mantener y promocionar incorporándola como una actividad permanente de nuestra semana cultural, como una mascarada de invierno que se celebra en agosto. Queremos que el binomio Obisparra-Pobladura de Aliste, sea tan sólido que baste citar uno de sus términos para que automáticamente se active en nuestro recuerdo el otro. Y ello por una cuestión de respeto a nuestra cultura, de gratitud a nuestros antepasados y de responsabilidad ante nuestros hijos.



Con el término Obisparra (en otros pueblos carochos, filandorras,...) nos referimos a un festejo profano, vinculado muy probablemente a deidades precristianas y que forma parte de las conocidas mascaradas de invierno, de las que Zamora es probablemente la provincia que ofrece una mayor riqueza y variedad.


Se trata, según el antropólogo Rodríguez Pascual, de una preteatralización popular arcaica, que tiene lugar al aire libre, por las calles de la localidad y con multitud de personajes que, convenientemente ataviados para la ocasión, desarrollan diferentes acciones y escenas, a veces en paralelo, a veces encontradas entre sí, pero formando parte en todos los casos de una misma representación.

La actuación mantiene el mismo carácter masculino (todos los personajes están representados por mozos) y amedrentador para el público infantil de aquellas fiestas procedentes del mundo antiguo: las llamadas kalendas de Jano, dios al que estaba dedicado el mes de enero, que consistían en cortejos callejeros de disfraces que iban por itinerarios determinados haciendo cuestación, el equivalente actual a la petición del aguinaldo. Véase a este respecto el fascículo V de la obra Geografía de Zamora dirigida por Florián Ferrero Ferrero y editada en 1991 por la editorial Prensa Ibérica.En Pobladura de Aliste la Obisparra tenía lugar el día 26 de diciembre, festividad de San Esteban, y estuvo siempre ligada a las comedias que se representaban en Nochebuena o Navidad, constituyendo, en cierto modo, una forma de "cobrar" los actores por su trabajo. El acceso al corral en que tenía lugar la comedia era gratuito, por eso al día siguiente el cuadro de actores con sus respectivos disfraces pedían a los vecinos una colaboración voluntaria o aguinaldo, acto que acompañado de toda una serie de elementos religiosos, sociales, folklóricos, etc. constituye la llamada Obisparra. Vemos pues, cómo una representación con entidad y sentido propios, al vincularse a las comedias en el sentido señalado, adquiere también un valor instrumental aunque no exento de originalidad: la recaudación de donativos y aguinaldos que daban lugar a sendas comilonas que solían concluir con cantos y bailes.

El preludio de la Obisparra, la señal inequívoca que anunciaba dicho acto, mezcla de representación teatral y acto carnavalesco, era el despertar del día de San Esteban con carriles de paja por las calles del pueblo. Era como si de pronto las calles, llenas de barro y charcos en esa época invernal, se convirtieran en modernas carreteras a juzgar por la nitidez con que lucía su línea central...Otras señales posteriores, no menos evidentes, eran el creciente entusiasmo y expectación de las gentes del pueblo y las carreras de última hora de los actores para encontrar el último elemento de su disfraz o dar el último retoque a la función.

En la representación interviene un importante elenco de actores que se pueden categorizar en diferentes grupos:
-Dos sembradores.
-Dos bueyes (en otras localidades, diablos), el gañán y el arador.
-La filandorra con el niño y el soldado.
-El ciego, ayudado por dos acompañantes a modo de "lazarillos", el mendigo y el piojoso.

El componente folklórico lo ponen el bailador y la bailadora, personajes secundarios ataviados con el traje alistano, que ponen gracia y movimiento a los sones de la gaita y el tamboril.

Se inicia el desfile con los sembradores, vestidos con traje de faena y armados con sendos sacos de paja que esparcen por las calles, simulando el acto de la siembra. Siembran sobre la calle y también, con un poco de suerte, sobre los asistentes, siendo las mozas y los niños los principales destinatarios de sus bromas.

Detrás va el arador con la yunta de bueyes y el gañán dispuestos, en buena lógica, a arar los campos (las calles) sembrados previamente. Sin embargo los bueyes evitan la tarea y huyen del control del arador a la menor oportunidad, provocando con sus inesperadas huidas la caída al suelo de aquél, casi siempre en los lugares donde más barro y charcos había, para mayor deleite y celebración del público asistente.

Ante las repetidas espantadas de los bueyes el arador, hombre de profundas convicciones religiosas, procede siempre de la misma manera: sustituye la guiada (vara para guiar los bueyes) por un viejo libro de oración con las pastas de piel de oveja y las hojas pajizas por el paso del tiempo, y cayendo rodilla en tierra (sería más preciso "rodilla en charco") pronuncia con la mayor devoción y solemnidad posibles los rezos apropiados para la situación en la esperanza de que la intervención divina haga regresar los bueyes, circunstancia que siempre ocurre, aunque siempre por intercesión del gañán: hombre robusto, rudo y con mañas más eficaces y contundentes que las de su amo en el manejo de la yunta.

Continúa la función con el segundo grupo de actores (la filandorra con el niño y el soldado), que suelen conferir a su actuación una actitud más serena y reposada que los anteriores. Visten traje de militar de infantería el uno y alistano la otra.

La filandorra es una madre soltera de dudosas capacidades personales en materia de crianza y cuidado del niño del que es padre biológico el soldado. El desapego que la filandorra muestra hacia el niño facilita el que le sea fácilmente arrebatado por el público asistente, circunstancia que obliga al soldado a intervenir para recuperar al infante, no olvidándose tampoco de advertir y disciplinar a la descuidada madre.


El tercer grupo integrado por el ciego, los dos acompañantes, el mendigo y el piojoso, es el que con mayor frecuencia provoca las risas y admiración de los espectadores. Todos ellos visten de forma llamativa, destacando el aspecto descuidado y harapiento de sus ropas. En el caso del piojoso el descuido afecta también al aseo personal a juzgar por la plaga de piojos, pulgas y otros parásitos que le acompañan.

El ciego, personaje central de este grupo, porta un instrumento de cuerda semejante a una guitarra como los antiguos trovadores y bajo el brazo gran número de papeles con coplas que una y otra vez se caen al suelo, debiendo ser recuperadas por sus incondicionales "lazarillos". Acostumbran a parar en las puertas de las casas donde tras entonar canciones y coplas varias solicitan el aguinaldo ("la voluntad") a los dueños. Abundan las coplas con aire jotesco y letras, unas con contenido intranscendente y otras con contenidos más intencionados, pícaros y humorísticos que suscitan las risas de los asistentes.

El mendigo se encarga de recoger en su saco "las voluntades" de los vecinos, en forma de aguinaldos (chorizos, longaniza,...) y donativos.

El papel del piojoso queda menos definido. Acompaña a los anteriores tratando de resolver la supuesta desazón producida por piojos y pulgas rascando la espalda en las esquinas de las paredes. Además lleva una bolsa con "salvaus" (salvados) que utiliza para arrojar al público asistente, junto con algún piojo o pulga, en una relación dialéctica de supuesto ataque y defensa.

Cierra el cortejo el bailador y la bailadora, pertrechados con traje alistano de gala, que acompañan al "gaiteiro" y al "tamburileiro" y hacen de las plazas del pueblo verdaderos escenarios de exhibición de sus habilidades artísticas.


Transitadas las principales calles del pueblo, termina la representación con un baile en la Era en el que se mezclan los actores con el público asistente en un signo de familiaridad y ambiente festivo. Concluye así esta compleja representación llena de matices y significados. Una escenificación multifacética que incorpora elementos profanos, religiosos, sociales, folklóricos, carnavalescos y costumbristas.

Confiamos en que la iniciativa de la Asociación Cultural de la localidad de restablecer y promocionar la Obisparra como una muestra genuina de nuestra cultura popular, sea apoyada por las autoridades correspondientes y por los medios de comunicación. Estamos convencidos de que valores presentes en ésta y otras manifestaciones culturales y costumbristas de las gentes de Aliste bien podrían servir de modelos sociales prácticos a teóricos, políticos responsables y jóvenes generaciones para mejorar el presente y el futuro de una sociedad como la actual que corre el riesgo de saber muy bien el precio de todo pero que no suele recordar el valor de casi nada....

Antonio Vega Fernández (Miembro de la Asociación Cultural "Aires de Aliste")




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