13 de marzo de 2016

Crónica de la tradición: La Semana Santa de Pobladura de Aliste

Cristo del perdón.
Constituye para Pobladura de Aliste su Semana Santa una de las tradiciones religiosas más arraigadas e importantes para el pueblo. Una composición de procedimientos sencillos y humildes que se han mantenido o adaptado al tiempo manteniendo la esencia popular transmitida de padres a hijos, de abuelos a nietos, por tradición oral y vivencia en primera persona.

Se trata de costumbres poco difundidas debido al carácter personal con el que se tratan, aunque en los últimos años comienza a ganar carácter turístico entre gente de pueblos vecinos y aficionados a estas costumbres.

Los actos se componen mayormente por canciones populares y poco conocidas en parte por los estudiosos de la tradición oral.

Comienzan los actos en el Domingo de Ramos con la bendición y reparto de ramos mientras el coro de hombres entona en castellano y latín “Los niños hebreos”. Continuando la procesión hasta la iglesia con versos de “La entrada en Jerusalén” como:

Jesús que triunfante entró
Domingo en Jerusalén,
Por mesías se aclamó
Y todo el pueblo en tropel
A recibirle salió.

En esa misma tarde, y al ocaso del sol, dentro de la iglesia, siguiendo las estaciones colocadas en ella, se realiza el primer acto penitencial del “Vía Crucis” intercalando entre oraciones las canciones del coro del popular “Vía Crucis del Poderoso” que comienza:

Poderoso Jesús Nazareno,
de cielos y tierra rey universal,
hoy un alma se encuentra ofendida,
pide que sus culpas podáis perdonar.

En Lunes Santo, también a la muerte del día, un doble coro de mujeres entona ante la virgen de los dolores cubierta con su manto negro, poniéndole voz, sus siete dolores. Siete composiciones populares en verso que finalizan con un avemaría y que comienzan:

Pecador si a mis dolores,
quieres hacer devoción,
yo te haré muchos favores
y pondré mi intersección a
favor de tus errores.

Si siete días cabales
mis dolores contemplas,
obtendré para tus males
un número de indulgencias
ya plenarias, ya parciales.

Es en Miércoles Santo cuando vemos el tercero de los actos de esta semana. Frente al Stmo. Cristo del perdón, los justicias de la cofradía de la Bendita Cruz rinden penitencia mientras el coro entona el miserere castellano de la procesión del Viernes. Cantado por un coro de hombres que entonan los versos en latín y de mujeres que corean en castellano:
Honores al Cristo del Perdón

Miserere mei, Deus
Secundum magnam misericordiam tuam

Ten mi Dios, mi bien, mi amor
Misericordia de mí,
Ya me ves postrado aquí,
Con penitente dolor:
Ponga fin a tu rigor
Una constante concordia,
Acabase la discordia,
Que causó el yerro común,
Y perdóname según,
Tu grande misericordia.

La tarde de Jueves Santo, tras la popular eucaristía y traslado del Cuerpo de Cristo a un monumento/urna colocado en un lateral de la iglesia al son de “cantemos al amor de los amores”. Además de oír “el Lavatorio” durante la comunión, que empieza así:

Jueves, por la tarde fue,
cuando Cristo enamorado,
todo su pecho rasgado,
quiso darnos a comer,
su cuerpo sacramentado.

Comienza el luto, no dejando ni flores ni paños que cubran los altares, tan solo la urna custodiada por dos ángeles iluminados y con velas en el suelo. Tras este momento las gentes devotas velan la urna toda la tarde (y antiguamente también toda la noche), con el momento culmen del segundo acto penitencial del Vía crucis dentro de la iglesia, siguiendo las estaciones entre lecturas y versos cantados del “Dulce redentor” otro de los Vía Crucis. Este último acto suele realizarse rozando la media noche.

En Viernes Santo se desarrollan los actos centrales de la semana, unos actos unidos a la tradición profunda y la religiosidad, actos que definen el sentimiento de las gentes del pueblo, y que desencadenan otras costumbres adjuntas.

Comienza el día con el tercer y último Acto penitencial del vía crucis, conocido antiguamente como “el Vía Crucis de los pastores” ya que era al acto que podían asistir los nombrados antes de sacar el ganado. Esta jornada ya no se realiza dentro de la iglesia, si no a lo largo de un camino llevando una tosca cruz de madera, con un solo clavo de unión, que a la tarde procesiona con el nombre de “los trabajos”, parando en las catorce cruces dispuestas a lo largo y finalizando en el monte calvario. De nuevo presenciamos oraciones mezcladas con versos cantados de un vía crucis de dos estrofas por estación que comienza:

En la primera estación,
atento quiero que notes,
con cuanta resignación
llevé por tu redención
más de cinco mil azotes.

Hombre mira y considera,
movido de compasión.
Que en esta estación primera
me sentencian a que muera
entre uno y otro ladrón.

Tras la llegada al calvario y finalizadas las oraciones en la procesión de regreso se entona el “Rosario de la Buena muerte” cinco misterios que ocupan diez frases en cada uno sobre hechos de Cristo a lo que el pueblo responde cantando “danos señor buena muerte, por tu santísima muerte” y al finalizar el misterio de esta forma:

María, madre de gracia,
madre de misericordia.
Líbranos del enemigo
hasta la última hora.

A media mañana, tras la lectura de la pasión, se realiza la adoración de la cruz, besando una de las cruces guía de la tarde, al son de su himno que repite entre estrofas:

Venid, ¡oh! Cristianos,
la cruz adoremos,
la cruz ensalcemos,
que al mundo salvó.

Tras la celebración se coloca el Stmo. Cristo del perdón sobre el altar custodiado por dos hachones y la virgen de los dolores a su lado.

Cofrades hacia la iglesia
Es a media tarde cuando por orden del párroco se reúnen los cofrades de la Bendita Cruz en la casa de la cofradía, donde tras la lectura de los estatutos, y pasar lista se reza por todos los cofrades difuntos y por los fallecidos en el año. Y antes de salir en procesión de “carrera” deben jurar el orden y silencio establecidos.

Se establece la procesión en fila de uno en uno, y salen todos los cofrades guiados por el Mayordomo de la Cofradía de la Bendita Cruz que porta la insignia. El respeto en ese momento es máximo, no se oye ruido alguno desde la casa a la iglesia, donde mientras el coro entona el “perdón o Dios mío” los cofrades desfilan uno en uno haciendo genuflexión ante el Stmo. Cristo y volviendo a Salir para la procesión de “la carrera” (recibe ese nombre por la manera en la que desfilan en fila de a uno) hasta el calvario.

Procesión de la Carrera. Año 2012
El desfile se abre con la cruz parroquial custodiada por las autoridades, seguida de la cruz guía y los cofrades con túnica. Tras ellos uno de los cofrades porta una cruz acuestas denominada la cruz de los trabajos. A continuación desfila la insignia de la cofradía custodiada por los dos faroles portados por las justicias, y detrás el Cristo del Perdón. Tras el coro de hombres que entonará las estrofas del miserere en latín, los cofrades con capa parda alistana. Para finalizar cierran el cortejo masculino los cofrades de calle.

En el Calvario. Canto de las Siete palabras
Desfila detrás de los citados la insignia de la Cofradía del Rosario con la Virgen de la Soledad y tras ella el coro de mujeres que entonará los versos en castellano del miserere. Cierran la procesión las demás mujeres comúnmente vestidas con falda negra y manto.
Al llegar al Calvario, se coloca sobre la cruz central la imagen del Cristo y frente a este la imagen de su madre. Se entonan los cantos a sus cinco llagas y las siete palabras. Después regresa la procesión con el Miserere de nuevo hasta la iglesia, donde se cierra el acto con lecturas.

Es en la noche de este viernes, cuando se presencia una de las procesiones con más sentimiento para los habitantes del pueblo: La Procesión de la Soledad.

De nuevo la Virgen de la Soledad o de los Dolores sale en procesión, pero esta vez sola. Los hombres visten capa parda alistana y las mujeres cubren su cabeza con un pañuelo negro, llevando falda o saya negra y con un mantón de lana que las tapa. Todo el que lo desea porta una vela roja o blanca iluminando todo el camino, en señal de duelo. Los asistentes acompañan alrededor del pueblo a la virgen entonando entre versos del miserere en latín, de nuevo cantados por hombres, estrofas para la ocasión, como:

Una tempestad rugía,
Virgen de los Dolores.
y el huracán rebramando.
Su trágica sinfonía
que a lo lejos se perdía
con ronca voz protestando.

Cristo en la cruz expiraba
tras del oprobio y desdén.
Su madre gimiendo estaba,
y del rumbo se alejaba
huyendo a Jerusalén.

La oscuridad de la noche iluminada por las velas y faroles, las voces rasgadas de los versos cantados y la silueta de la virgen entre el tumulto, hacen lo especial de este acto. Un acto que finaliza cantando dentro de la Iglesia la “Salve dolorosa” que comienza así:

Dios te salve, Dolorosa,
reina y madre, virgen pura.
Por nuestras ingratitudes,
afligida y triste angustia.

Es durante todos los actos de este día cuando no se presencia el ruido de campanas (ya que han sido “cotadas” por luto la tarde de jueves santo) y cuando se llama a los actos con las tradicionales matracas y carracas tocadas por los niños del pueblo.

Al día siguiente, Sábado Santo, se hace la tradicional hoguera pascual donde se enciende el cirio y bendice el agua.

Y finaliza esta semana con la Procesión del Encuentro el Domingo de Pascua. Estando la virgen dentro de la iglesia, un coro de hombres canta el “Ramo de Pascua” por el pasillo central de esta. Tras acabar el ramo, el niño (Cristo resucitado) que se encuentra en el portal de la iglesia (para que no se encuentre con su madre), sale delante guiado por la cruz parroquial y los hombres del pueblo. La virgen guiada por su insignia sale detrás y hace un recorrido distinto acompañada por las mujeres, ambos se encuentran en la plaza del pueblo entonando los coros su conversación que empieza:

¿Dónde vais paloma blanca
afligida y sin consuelo?

Voy en busca de mi hijo
que ha bajado de los cielos.

Y finalizando juntos en procesión regresan a la iglesia para la misa.

Se trata de tradiciones sencillas, poco conocidas, pero para Pobladura, su Semana Santa hace brotar muchos sentimientos entre sus habitantes. Crónica de un antes y un después, un pasado y un futuro, en el que seguimos y seguiremos conservando las tradiciones.