16 de diciembre de 2016

Crónica de una tradición: "Los Chíngueles" 110 años de música navideña.

Fue un 1906. Un otoño y un invierno de aquel año, donde tras la larga jornada de la cosecha veraniega, la siembra del cereal por “el San Miguel”, y la matanza por “San Martín”, las gentes de Pobladura vivían días más tranquilos, de mayor descanso; días, en que más que alimentar el cuerpo para reponer en fuerzas, también era necesario alimentar el alma y el espíritu, porque en épocas difíciles buena es la música.

El conjunto una navidad el siglo XX
Aquí, en escena, entra el primero Don Moisés Pintado, párroco que había llegado al pueblo un 1897, con 30 años de edad y la ilusión de inculcar nuevos valores a sus fieles, decide poner sobre la mesa un proyecto al que no tardará en conseguir apoyos.

Aquel invierno de hace 110 años, Rafael Fernández “Rafaelico” y el gaitero de la localidad, Baltasar Vaquero; entre otros, junto con Don Moisés Pintado, comenzaron a dar letra y tonalidad a las músicas navideñas que unidos al instrumental, fue la primera navidad que el pueblo presenció su celebración junto a “Los Chíngueles”.

La palabra “Chingueles” es una referencia onomatopéyica al conjunto de instrumentos que acompaña a la gaita y tamboril en los villancicos que se cantan en Pobladura los días de Navidad, Año Nuevo y Reyes. Un conjunto encabezado por la Gaita y  acompañado de la percusión del tamboril, pandereta, conchas, castañuelas, triángulo… Y que tan sólo en Pobladura se reúne con la prima esencia transmitida de generación a generación entre los habitantes de la localidad. De aquí, que solo en este lugar se denomine como “Chíngueles” a este conjunto.

Década tras década, gaiteros y párrocos junto con las gentes del pueblo han preservado estas canciones que desde aquel 1906 siguen en el corazón de todo el pueblo.

Celebración en 2006 del centenario de la música navideña
Personas ilustres del pueblo como los gaiteros Enrique Lorenzo, Pedro vega, Francisco Matellán, y José Pérez padre e Hijo, entre otros, fueron los responsables de que ahora mantengamos esta gran herencia.

Desde muy pequeños, somos sus gentes instruidas en el valor de estas letras, la capacidad de recordarnos nuestras antiguas navidades, el sentimiento que provoca, al encontrarse un año más con esa música. Y quizá por eso hayan llegado hasta nuestros días,  por esa bonita forma que tienen de emocionarnos y celebrar nuestras fiestas.

Un 25 de diciembre que los esperamos con las manos abiertas, y el pulmón lleno de aire renovado para cantar. Un 1 de Enero que nos juntamos con los mejores deseos para el año cantando como nuestros padres y abuelos nos enseñaron. Y un 6 de enero, que casi con tristeza despedimos los “chíngueles” hasta el año próximo;
eso sí, antes de hacerlo siempre nos queda un “bis” en memoria de todos aquellos que desde la navidad de 1906 hasta el presente hicieron eso posible, y junto a ellos, estén donde estén rememoramos su labor con una flor y un último villancico, con el, que como dice la letra, van a Jesús.


Con un propósito de mantener esta costumbre tan especial, la emoción que provoca poder recibir esta gran herencia, poder volver a escuchar de nuevo otro año “Los Chíngueles”, hacen cierta cada año la necesidad de volver a casa por Navidad.

Texto: J.S.


Reportaje de su historia por Aliste.Info: