18 de febrero de 2017

La herencia.

A los habitantes y descendientes de Pobladura:

La importancia de las costumbres que nos definen y nos hacen ser como somos, es algo que cabe dentro de los objetivos personales de cada individuo, y por lo que no se debe luchar en contra, pues lo que nos ha sido legado difícil es de cambiar.

Las prácticas asentadas en un lugar y aceptadas durante años y años por un grupo de personas reciben ese nombre de tradiciones. Algo por lo que todos en conjunto luchan por continuar haciendo día tras día, pues esa esencia les define y sin ella sería difícil esa relación común.

Pues bien, aquí, en lo que tomamos como tradiciones, entra nuestra mascarada. La Obisparra no es más que eso, una tradición que se mantiene y celebra como algo que nadie ha olvidado y que ha conseguido sobrevivir, aunque adaptándose, por el paso de los siglos.

Se trata de una de las piezas fundamentales de la historia de un pueblo, del ejemplo vivo de las relaciones con las demás mascaradas, y cómo no, de la herramienta esencial por la cual se han transmitido folclore, danzas y músicas gracias a su continua celebración.
Los que piden hacer que su puesta en escena sea intermitente, que cada año se cambien las formas de actuar, que se introduzcan nuevas tramas…, yerran profundamente.
Lo que esta fiesta exige es una conmemoración continua, un desarrollo veraz, una cierta e inalterable manera de celebrarla, no por nosotros, sino por lo que esto conlleva. Se nos ha dado por herencia, una herencia fruto del esfuerzo de muchos, y esto debemos agradecerlo de la mejor manera, continuando.

La A.C. “Aires de Aliste” ha trabajado desde el año 2005 difundiendo esta celebración, y trabajando por su mantenimiento, ya que comenzaba a debilitarse, y a aparecer esa intermitencia que está tan en contra de esta fiesta. Un esfuerzo y trabajo duro por lo que hoy en día continuamos trabajando. Una lucha constante y desmedida por la que tras los miembros aparecen horas y horas de trabajo que cada 15 de agosto tienen su recompensa.
Los informantes se van, los transmisores piden el paso a nuevas generaciones, y tras ello un futuro lejano pero incierto. Frenar este desarrollo no sería fallar solo a unas normas que nos rigen, sería fallar a tantos por los que año tras año se oyó en Pobladura el nombre de Obisparra.

Por lo tanto, debíamos concienciarnos, habitantes y descendientes de Pobladura de Aliste, para que en una lucha y trabajo conjunto llegásemos al fin de mantener esta costumbre. Enseñar e instruir a hijos, hermanos y nietos para que conociesen la importancia de esta herencia. Trabajar y participar junto a los demás en el desarrollo de la celebración. Difundir su importancia y hacerla conocer.

Pues todo esto no sería por nosotros, sino por padres y abuelos, que un día nos dijeron “ahora te toca a ti” y no debemos fallarle.


La Obisparra, y Pobladura os espera, estoy seguro que no fallaréis a la cita.


J.S.

Presidente de la AC "Aires de Aliste".

3 de enero de 2017

11 décadas entre música y vivencias: "Los Chíngueles".

 Los valores inculcados desde la infancia, la formación y el lugar donde convives, donde creces y desarrollas tus primeros años de vida, hacen que te definas como persona y como ser, con unas determinadas características. Y ciertos momentos de esos primeros años, te crean unos recuerdos especiales y únicos que continuarán en tu memoria durante toda tu vida.

el conjunto una navidad del siglo XX
Para los habitantes de Pobladura, esto, entre otras cosas, se plasma en “los chíngueles”. Pues el conjunto instrumental que acompaña a los villancicos de las celebraciones religiosas del pueblo, se presencia desde los primeros años de su vida, hasta su triste final. Y probablemente en ese tramo, al menos una vez en su existencia, formen parte de ese conjunto.

Haciendo referencia a la historia, unas navidades de 1906 a 1907, el conjunto, encabezado por el párroco D. Moisés Pintado, puso sus pies en la iglesia de Pobladura por primera vez. Y lo hizo dirigido en primer lugar por la gaita, un instrumento que durante décadas fue elegido por el pueblo para las celebraciones profanas y propias de las fiestas del lugar, y que a su pesar, tuvo prohibida la entrada en los recintos sagrados durante años.

El añadir la gaita a las celebraciones religiosas hace aparecer en el folclore varias tonadas solo dirigidas por este instrumento como son los toques de “alzar y gloria”, reservados para partes concretas de la misa.

Este conjunto supone un hito en la historia del pueblo en lo que a música se refiere, pues el párroco del lugar, permite la entrada de un gran grupo instrumental. Y lo hace apoyado de las gentes del pueblo, y quizá de los más influyentes. Pues en la localidad  han sucedido una serie de acontecimientos nefastos en los que la población se siente débil y desquebrajada, y la música y la fe pueden ser las estrategias escogidas por los promotores para llegar a unir de nuevo al pueblo.

Junto al párroco, el gaitero Baltasar Vaquero, con ayuda de Pedro Vega y el Sacristán Rafael Fernández, probablemente con ayuda de otros sacristanes como Andrés Bazal, Santos Vega o Marcelino Pérez, personas también influyentes en la localidad. Ellos son los que durante el año 1906 comienzan a constituir las tonadas y letras de esas canciones, muchos de ellas existentes ya y cantadas por las gentes de Pobladura, pues partes de sus letras aparecen en villancicos de toda la geografía castellana.

A ellos y a la gaita, fueron añadiendo el acompañamiento instrumental formado por tambor, triángulos, castañuelas, conchas, almirez, botella de anís y guadaña, entre otras. Este gran conjunto, sabiamente dirigido hizo que esa navidad cambiase la forma de celebrar las pascuas.

Desde entonces el vínculo de estas tonadas con los habitantes de Pobladura ha sido fuerte, y su historia ha pasado generación tras generación entre las familias del lugar, haciendo que durante 11 décadas no quede navidad sin oír el sonido de “los chíngueles”.

Año 2016 parte del grupo de "Los Chíngueles".
Un amplio repertorio que ha conseguido concentrar a más de un centenar de personas, sabiendo con el paso del tiempo mantener esta costumbre que nació un invierno de hace 110 años en Pobladura de Aliste.

Un patrimonio cultural que las personas del pueblo han transmitido hasta la época actual definiendo una forma de ser y sentir la Navidad. Y que en el año 2006, la Asociación Cultural “Aires de Aliste” en la celebración del centenario del conjunto, decidió incluir como una de las costumbres a mantener y difundir, añadiendo en su archivo gran variedad documental en lo que a “los chíngueles” se refiere.

Para Pobladura y sus habitantes, el valor cultural y sentimental que aporta este conjunto hace que año tras año sea necesario volver a casa para escuchar de nuevo la música de navidad.

J.S.



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