Un motivo para volver

Hay fechas que aparecen en el calendario y pasan casi desapercibidas. Y luego está el 15 de agosto en Pobladura de Aliste.

Da igual dónde estemos durante el resto del año y da igual los desfiles o celebraciones a los que haya asistido la Obisparra, cuando se acerca agosto, algo empieza a moverse dentro de quienes sienten La Obisparra como parte de su vida. Un anuncio, los que se vuelcan en los preparativos, los que preparan los personajes, los trajes… y, casi sin darnos cuenta, volvemos.

Volvemos porque hay tradiciones que no se explican del todo: se sienten.

Para muchos, la Obisparra es una fiesta. Para otros, es recuerdo y es infancia, es escuchar el sonido de los cencerros antes incluso de ver aparecer a los bueyes por las calles. Es recordar a quienes nos enseñaron cómo se llevaba un traje, a los que nos cogían de la mano para poder ir a presenciar todo el ritual, al recuerdo de los que estaban en la representación y ahora nos faltan.

Cada 15 de agosto, el pueblo cambia. Las calles vuelven a llenarse de voces diferentes, de gente que vuelve, de vecinos que esperan la representación en las puertas y de niños que descubren la tradición con los mismos ojos abiertos con los que la miraron generaciones anteriores.

Y quizá ahí esté la verdadera esencia de La Obisparra: en su capacidad para unir pasado y presente durante unas horas.

Porque no se trata solo de representar unos personajes o mantener una costumbre antigua. Se trata de seguir sintiéndonos parte de algo común, herencia de nuestros antepasados. De reconocernos en el ruido, en las voces, en la música de la gaita y el tamboril, en las risas compartidas y en el esfuerzo colectivo que hace posible que la tradición continúe viva año tras año.

También volvemos por quienes ya no están.

Por quienes ayudaron a recuperar La Obisparra hace 25 años. Por quienes la mantuvieron viva aunque no fuera de manera continua, todas las décadas anteriores. Por quienes preparaban  y preparan los trajes, enseñaban y enseñan a representarlo o simplemente estaban ahí, acompañando cada año.

Cada celebración lleva un poco de todos ellos, y por eso seguimos volviendo.

Porque La Obisparra no pertenece solo al pasado. Sigue creciendo con cada generación que participa por primera vez, con cada vecino que se anima a ponerse un traje, con cada visitante que descubre que en Pobladura de Aliste hay algo más que una fiesta: hay identidad, comunidad y emoción compartida.

El 15 de agosto no es solo una fecha: es el día en que el pueblo vuelve a unirse en una misma celebración.

 Y mientras siga sonando el ruido de los cencerros, las voces y los diálogos de los personajes y el bullicio de quien la presencie, siempre habrá un motivo para volver.

J.S.

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